Cynomys ludovicianus

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Cynomys ludovicianus

Mensaje por Isidro el Miér Feb 06, 2013 3:30 am

Cynomys ludovicianus (Ord, 1815)

23-Mayo-2009.
Cautividad. Europa, España, Madrid, Faunia, cerca de la entrada..
Leg: Isidro Martínez. Det: Isidro Martínez.


Dominio: Eukaryota.
Reino: Animalia.
Filum: Chordata.
Clase: Synapsida.
Orden: Rodentia.
Suborden: Sciuromorpha.
Familia: Sciuridae.
Subfamilia: Xerinae.
Género: Cynomys.
Especie: Cynomys ludovicianus.

El perrillo de las praderas de cola negra, es la especie más conocida y frecuente del género Cynomys, y la única que puede observarse en cautividad. Se trata de un roedor terrestre de gran tamaño (unos cuarenta centímetros de largo, siendo algo mayores los machos que las hembras), con una cola corta, cuya punta es negra. El resto de su pelaje es de un tono leonado, más claro en las partes inferiores. Su cuerpo es rechoncho y la cabeza es grande y redondeada, con ojos grandes y orejas muy pequeñas.
Es uno de los mamíferos más famosos de Norteamérica. Se distribuye desde el sur de Canadá hasta el norte de México, en poblaciones muy fragmentadas y frecuentemente sólo en espacios protegidos, debido a los esfuerzos invertidos por los humanos en extinguir intencionadamente a este animal tan hermoso e imprescindible. Antaño sus poblaciones eran muchísimo más numerosas y amplias.
Habita en praderas abiertas de hierba corta o media, nunca en zonas muy húmedas, y es una pieza clave en los ecosistemas de la región, por ser la presa principal de muchos grandes depredadores como lobos, águilas y linces, así como por airear la tierra, modificar las comunidades vegetales y construir involuntariamente refugios subterráneos aprovechados por otras especies. Los bisontes, berrendos y el ganado doméstico preferien pastar en zonas donde la vegetación está abonada y aireada por las actividades de estos roedores.
El perrito de las praderas de cola negra no hiberna, a diferencia de todas las demás especies del género. Construye unas madrigueras subterráneas muy complejas, con numerosos túneles y entradas, donde viven en grupos, siendo por lo general un macho con un harén de hembras. Se reproducen una vez al año, la fecha exacta de la cópula depende de la latitud, desde enero hasta abril. Generalmente las hembras sólo son receptivas sexualmente un día al año. Las crías son cuidadas por las hembras, el macho encargándose tan solo de proteger las galerías contra machos rivales o predadores. Las nuevas hembras nacidas permanecerán en ese sistema de galerías toda su vida, mientras que los nuevos machos se dispersarán buscando nuevos territorios aproximadamente al año de nacer.
Son animales extremadamente sociales. La mayor colonia jamás registrada contenía unos cuatrocientos millones de individuos, cubriendo un área de 65000 kilómetros cuadrados. Las colonias están divididas en "vecindarios" o sistemas de galerías, cada uno con su macho y el grupo de hembras, aunque en los de mayor tamaño puede haber más de un macho. Todo lo hacen en común, la comida es de todos y se acicalan, juegan y comunican entre todos los miembros del "vecindario", tan sólo la crianza de los cachorros corre exclusivamente a cargo de cada madre. Los perrillos de las praderas emiten una llamada de alarma ante la visión de un depredador, que hace que todos los miembros del vecindario se escondan bajo tierra.
Se alimenta principalmente de tallos, hojas y raíces de hierba y plantas bajas. De forma muy ocasional pueden consumir invertebrados, que forman el 2% de su dieta. No beben agua, obteniéndola exclusivamente del follaje que consumen.
Actualmente la especie no está amenazada, pero sus poblaciones son una sombra de su glorioso pasado. Generalmente solo se encuentran en espacios protegidos. Los ganaderos y rancheros demonizaron al perrillo de las praderas sin razón alguna, como suelen hacer los humanos con todas las demás especies de fauna y flora que existen en el mundo. Produjeron encarnizadas matanzas masivas donde millones de estas apacibles y beneficiosas criaturas eran asesinadas sin piedad, como puede verse en esta foto. Enormes montañas de cadáveres se apilaban en los campos. Eso ha causado por ejemplo que el turón de pies negros (Mustela nigripes) se encuentre ahora en el borde de la extinción, pues se alimenta principalmente de perrillos de las praderas.



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