Geronticus eremita

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Geronticus eremita

Mensaje por Isidro el Lun Feb 13, 2017 8:22 pm

Geronticus eremita (Linnaeus, 1758)

21-Agosto-2011.
Cautividad. Europa, Alemania, Berlín, Tierpark Friedrichsfelde.
Leg: Isidro Martínez. Det: Isidro Martínez.


Dominio: Eukaryota.
Reino: Animalia.
Filum: Chordata.
Clase: Aves.
Orden: Ciconiiformes.
Suborden: Threskiornithes.
Familia: Threskiornithidae.
Subfamilia: Threskiornithinae.
Género: Geronticus.
Especie: Geronticus eremita.

El ibis eremita es la especie tipo de las dos que componen el género Geronticus. Es una curiosa e inconfundible ave de hasta ochenta centímetros de longitud y con una envergadura alar de hasta un metro y treinta y cinco centímetros. Tiene un cuerpo robusto, con cuello más corto y patas más cortas que las de otros ibis. Su plumaje es completamente negro, con reflejos metálicos azulados-verdosos, especialmente en las alas, y un gran parche de reflejos cobrizos o vinosos en las coberteras alares. Su característica más destacable es su cabeza completamente desprovista de plumas, ya que el plumaje comienza de forma abrupta en la parte superior del cuello, donde forma plumas muy largas y estrechas que sobresalen de su silueta (a diferencia de la otra especie del género, G. calvus). La cara es de color rosado sucio (no de un rosado muy pálido, casi blanco, como en G. calvus), con un largo pico curvado rojo que mide hasta catorce centímetros de longitud, siendo ligeramente más largo en los machos que en las hembras. Los ojos son de color castaño claro (más claros que los de G. calvus). Las patas son rojas. Los ejemplares juveniles poseen las mismas plumas alargadas del cuello que los adultos, pero poseen la cabeza negruzca, las patas grises y el pico de color córneo.

Antiguamente, el ibis eremita se extendía por todo el norte de África, Oriente Próximo y Medio y todo el sur y centro de Europa. De hecho la descripción original se basaba en ejemplares de Suiza. Sin embargo, hoy en día esta ave ha desaparecido prácticamente de toda su área de distribución y ha quedado relegada a dos minúsculos enclaves muy alejados, uno en Marruecos y el otro en Siria. La población oriental es migratoria y la otra es sedentaria. Actualmente existen exitosos proyectos de reintroducción, monitorizados con gran detalle, y ya es posible volver a ver bandadas de ibis eremitas en el sur de España. Sus colonias de cría se sitúan en acantilados y busca su alimento en los matorrales, pastizales áridos, estepas y barbechos, al igual que hace la otra especie del género, y a diferencia de todos los demás ibis que anidan en árboles y se alimentan en humedales. Antiguamente, en Europa, anidaba en las almenas de los castillos. La población oriental, mucho menos numerosa que la occidental, ha sobrevivido gracias a cierta protección otorgada por tradiciones religiosas. Es un ave gregaria, con bandadas que pueden estar formadas por más de un centenar de ejemplares en invierno. Se desplazan en formación en V. Se alimenta sobre todo de pequeños reptiles y grandes escarabajos, aunque consumen cualquier animalillo pequeño. Para alimentarse les es imprescindible que el suelo sea blando y la vegetación rala y dispersa, de no más de veinte centímetros de altura. A partir de febrero acude a las colonias de cría, poco densas, y en ellas estas aves monógamas se emparejan de por vida. El macho elige el emplazamiento del nido, lo limpia y trata de atraer a una hembra agitando las largas plumas del cuello y emitiendo sonoras llamadas. Una vez formada la pareja, refuerzan su vínculo con acicalamiento mutuo e inclinaciones de cabeza. El nido es una tosca plataforma de ramitas y en él la hembra pone de dos a cuatro huevos, de tacto rugoso, blanco-azulados con motas pardas al principio y más tarde se van volviendo pardos. Los dos padres se turnan para incubar los huevos durante unos veinticinco días. Los polluelos son alimentados por ambos padres con comida regurgitada semidigerida, y al cabo de dos semanas ya pueden tomar alimentos sólidos que los padres les ofrecen en la punta del pico. Adquieren su plumaje hacia los cuarenta o cincuenta días de vida y pueden volar hacia los dos meses. Alcanzan la madurez sexual entre los tres y los cinco años, y pueden vivir hasta treinta y siete años en cautividad (generalmente hasta quince en libertad).

Actualmente, el ibis eremita se considera en Peligro Crítico de Extinción, ya que sólo quedan alrededor de cinco centenares de individuos en libertad (casi todos en Marruecos), y aproximadamente el doble en cautividad. Fue en el siglo XX cuando su población pasó de ser muy abundante y extendida a prácticamente desaparecer, a causa de la caza, la desaparición de las estepas, los pesticidas, las molestias en las colonias de cría y la construcción de embalses.

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